Reflejarme en tus ojos, con el solo testigo de tu respirar
luego un beso suave, otro profundo y otro más,
mientras sorbo de la copa de tu boca
la ambrosía que se colma ya en tus labios.
Solo tú tornas en celestial mi vida,
con el prodigio vital que en mi tu enciendes,
encuentro lo divino entre tus brazos,
que me explican tan claro el universo.
Cuando no puedas más, miraré tu ojos,
cuando agónicos de amor ellos me imploren,
que te haga volar por esos cielos,
que solo a la gloria la locura de amar lleva.
Después, tu cuerpo inmóvil junto al mío,
febril aun será mi abrigo,
que apacigüe el incendio de esta noche
la paz con que me auguras la alborada.
Mariella Bobadilla Pichardo/2020
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