Como imaginamos siempre
ese momento de encuentro,
sin remordimiento alguno
de entrelazar nuestros cuerpos.
Ofrendando cada uno
nuestros primarios deseos,
cargados ambos de pasiones,
plenos de amores sedientos.
Hemos secado en silencio
la fuente de las pretensiones,
nos consumíamos lentamente,
al fuego de tantos besos.
Esperamos demasiado…
Reprimiendo los deseos,
que fue erupción de volcanes,
que fue de cielo tormenta!
Mariella Bobadilla Pichardo/1992
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