Cuando tú me besas
mi mundo convulsionas,
cuando tú me abrazas
me inunda un incendio
tempestuoso y voraz,
que se expande en mis venas,
que me arde en la piel,
y anula en mi cerebro
la razón de mi ser.
Y me entrego al embrujo
de tus ojos profundos,
al tremor de caricias,
que mi cauce pletóricas llenan
de corrientes sin freno,
de quemazón infinita,
que detonan el extasis
de vividos temblores.
Finalmente se aquieta
el ardor tempestuoso,
y parece a mi clímax
convulso en sensaciones,
como fue aquel momento
en que henchido de amores,
se estremeció la vida
cuando estalló el universo.
Mariella Bobadilla Pichardo
Derechos Reservados/2000
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