Oh amor símbolo inmutable de la vida,
monumental palabra que define el cosmos.
La incólume doctrina que no ha cambiado
ni los siglos de los siglos,
de evolución y cambios,
ni la feroz disputa entre sistemas.
Eres el abrazo, hoy eterno, de mi madre
esa fe que aún me alimenta el pensamiento,
que me impulsa, me guía y me alienta
por la cuesta vital.
Eres la mágica razón que hace ligera
la carga de mis hijos en mis hombros.
Eres el sediento beso de mi amado,
el aroma embriagante de su aliento,
el arrebato de pasiones que se encienden
tras el contacto deslumbrante con sus ojos,
y el contacto sutil de nuestros cuerpos.
Eres el orgullo con que late,
con que constantemente late
este mi florón ardiente,
este corazón amante de su patria,
donde la sangre libertaria de sus héroes
con honor flota viva en su bandera.
Oh amor! Tu que todo lo defines,
creo en ti, oh amor! Solo en ti,
porque la elevada mente de mi abuelo,
te definió inequívocamente en un poema,
como la idea máxima, la verdad suprema,
de la felicidad la única regla.
Mariella Bobadilla Pichardo
Derechos Reservados/1983
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